Tu trato con los animales hablará de ti mejor que tus palabras -R.M.J.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Canelo; la triste historia de un perro triste.

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¿UNA CALLE CON EL NOMBRE DE UN PERRO?
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En la trimilenaria ciudad de Cádiz, un animal escribió con letras de constancia y pulso de lealtad, una de las más hermosas páginas que la humanidad recuerde. Lo llamaron "El perro de Cádiz" y "El perro de todos". Incluso, alguien lo definió como canis viator gardirense, es decir, "perro callejero gaditano".

Este can tiene calle propia. El Ayuntamiento, gracias al empuje de AGADEN (Asociación Gaditana para la Defensa de la Vida y el Estudio de la Naturaleza) y del pueblo entero, le dio su nombre a la vía peatonal adyacente al Hospital Puerta del Mar, donde el chucho pasó sus últimos años. En la citada calle se instaló una rememorativa placa de bronce -obra de la escultora Presentación Navarro-, en la que se lo ve echado, en inequívoca postura de espera.
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Esta historia empezó a rodar al final de la penúltima década del siglo XX, y cuenta con dos protagonistas; un vagabundo doblegado por el padecimiento, y un perro de conducta mansa y silente andar. Para el mendigo su perro lo era todo; amor, amistad, y coraza contra el virulento soplo de la soledad. Y para el perro su dueño significaba el lenguaje pleno reducido a dos palabras; un amigo. Las calles gaditanas los vieron pasar enhebrando paseos y alegrías; el hombre vigilando su can con la amplitud de su cariño, y el can husmeando en cada rincón, y enredándose en breves carreras con oponentes imaginarios.
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El indigente, una persona de salud quebrantada, albergaba en su interior un desagradable invasor; una enfermedad renal que le exigía someterse a diálisis cada semana. El perro, cual sombra asociada, iba con él hasta la entrada del Hospital Puerta del Mar.
Aquella mañana el mendigo se despidió de su mascota:
-Espérame aquí, compañero.
Y el "compañero", como siempre, se quedó allí; firme.

Pero ese día la dolencia derivó en gravedad, y el paciente fue ingresado de urgencia. Mientras tanto, el chucho calmamente aguardaba al amigo.

Y se produjo lo inevitable, ¡la muerte llegó sin preámbulos y al enfermo le firmó el fin de su existencia!

El perro desconocía que el amor y las caricias nunca más tornarían.

Por la puerta que enmarcaba el regreso, el amigo no salió. Tal vez la muerte, en un gesto bondadoso, le dio otro camino a la retirada, librando al animal del trauma de la separación.
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Las horas fueron cayendo en el depósito del tiempo, y el portento del reencuentro se resistía a mostrar su rostro amable. En la memoria del can resonaba la frase que marcaría el comienzo de su desamparo: "Espérame aquí, compañero". Y ahí se mantenía, repasando con mirar prolijo las figuras de quienes abandonaban el centro sanitario.
Las jornadas pasaron y las preguntas corrieron rumbo al entendimiento de Cádiz; ¿qué hacía ese perro en la puerta del hospital? ¿Por qué sus ojos siempre estaban clavados en la entrada? ¿Por qué volvía cuándo lo espantaban? La búsqueda de respuestas fue abonando la curiosidad popular. Empero, pronto la verdad destapó la razón del extraño comportamiento; el perro aguardaba a su dueño, y su dueño había muerto al otro lado de la puerta.

Rápidamente el drama del animal empezó a hallar cobijo en todas las conversaciones, y se referían a él por el apelativo de Canelo, el color de su pelo. Y Canelo poco a poco se fue convirtiendo en la personificación de la lealtad.

El personal del hospital, los vecinos, y los taxistas con parada en el lugar, acoplaron el esmero al respeto, y lo atendieron en sus necesidades. Mas, por timidez o por un reflejo de cortesía el chucho rechazaba el agua y la comida. No obstante, en el momento que la debilidad se impuso, la merma de fuerzas le aconsejó aceptar las invitaciones. Comía y bebía con gesto humilde y miradas agradecidas, meneando la cola en réplica a las caricias que le daban.
Muchos quisieron adoptarlo, pero en Canelo la determinación lucía un único tono; la fidelidad. Y la fidelidad lo estancaba en señera actitud, y con la imagen del amigo refugiada en su memoria; deseando verlo aparecer con la sangre renovada, enarbolando una sonrisa, y trayendo en las manos el contacto que premiaría la espera.
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Los días transcurrieron conformando meses, los meses al agruparse formaron años, y los años agigantaron su desdicha en la emoción de la gente. Pero él aguantaba, ungido de firmeza, inaccesible al desaliento, y con la intemperie como abrigo.

Las crónicas de entonces registran: "Desde Estados Unidos llegó una caseta de can para que fuera su vivienda, pero las ordenanzas municipales prohibían su instalación a las puertas del hospital". Canelo ni se inmutó por la rigidez del Ayuntamiento, y continuó siendo lo que siempre había sido; un "sin techo".

La triste historia de este perro triste obtuvo resonancia nacional e internacional. De él se ocuparon numerosos medios de comunicación, y apareció en los noticieros de todo el mundo. La BBC le dedicó un documental tierno y conmovedor.

Una mañana, Canelo sintió que algo en forma de redondel silbaba sobre su cabeza, y antes que el instinto lo catapultara al salto de la fuga, la cuerda aterrizó en su cuerpo y un tirón apretó el nudo del rigor cortándole la respiración. Quedó con las patas abanicando el aire, haciendo de la impotencia el cepo de su desesperación. Los laceros lo llevaron a la perrera. Sin una queja, Canelo integró su mansedumbre en los ladridos de los otros ocupantes del lugar -verdadero corredor de la muerte para los animales sin hogar-. ¿Qué había ocurrido? Pues, que un caballero presentó una denuncia, quejándose de la permisividad otorgada al can tan cerca del acceso al hospital, sin contemplar el riesgo para la salud pública.

La reacción no tardó en emerger; los gaditanos, con AGADEN al frente, se aunaron en el grito y arremetieron contra las autoridades municipales. El empeño popular obró el prodigio de la rectificación. El Ayuntamiento decidió poner en la liberación una vertiente de simpatía, y lo convirtió en "perro indultado" (privando así a la perrera de su huésped más ilustre). La presión del pueblo salvó a Canelo del "aislamiento preventivo" y de la guadaña sanitaria.

AGADEN se hizo cargo de él, y tras vacunarlo y desparasitarlo, le arregló la documentación a fin de que dejara de ser un "sin papeles". Y nuevamente hubo personas que intentaron adoptarlo. Intentos baldíos, ya que se escapaba y volvía al sitio; a la atalaya de la expectativa. A él le constaba que su amigo entró por ahí y por ahí tendría que salir.


El 9 de diciembre de 2002, días antes que el nuevo año desembarcara con sus campanadas, brindis y alegría, Canelo, ahogado por la espera, cruzó una calle en pos de un respiro, y la muerte vino a su encuentro montada en el ímpetu motorizado. En las inmediaciones del Hotel Playa Victoria, el descuido de un conductor lo descabalgó de la vida. El desaprensivo, al amparo de los reflejos de la chapa de su automóvil, huyó a ocultarse entre los pliegues del anonimato. Canelo acabó tumbado, vencido; sintiendo los pulmones en fase decreciente, y maquillando el rostro del asfalto con su sangre generosa.

La noticia ¡estremeció la ciudad! ¡La mudez se apoderó de las gargantas! Los niños mordieron sus risas, la actividad arrió banderas, la ambición detuvo los vaivenes, y el pueblo buscó en los corazones una lágrima de consuelo. En la atmósfera se palpaba el desgarro del silencio. A los ojos de Cádiz subió la tristeza, y el pesar congeló todos los gestos; el perro más querido se había marchado a los puertos del adiós.

Así concluyeron doce años de inútil espera. Doce años consumidos palmo a palmo, minuto a minuto, mirada a mirada; ensamblando luces y sombras, fríos y calores, céfiros y tormentas. Canelo, al morir, su postrer pensamiento viajó hasta el añorado amigo, llevándose cual regalo de despedida, el recuerdo del arrullo de sus palabras, la tibieza de su mano cariñosa, y el tintineo de su sonrisa.

La vida de Canelo se escurrió por la estela dibujada con su lealtad, pero nos dejó lo único que nos podía dejar; un inolvidable mensaje de amor. El olvido no ha borrado su huella. Su infelicidad permanece engarzada a la memoria de aquellos que lo amaron. Gente que tránsida de emoción, al pie de la placa estampó esta leyenda: "A Canelo, que durante 12 años esperó a las puertas del hospital a su amo fallecido. El pueblo de Cádiz como homenaje a su fidelidad. -Mayo de 2003".

Este modesto animal, ergo haber vivido en estado de abandono, pasó a ser la musa de una pléyade de artistas, saltanto de las bellas artes a la música, y de la música a las letras. Miguel Torres López lo incluyó en su novela "Los que esperan". Pépin Muriel le dedicó el libro infantil "El perro Canelo". El poeta Juan Pablo le hizo un poema "A Canelo", al que pertenecen estos versos: "Te encuentro siempre triste y abatido, pero atento adonde tu mirada alcanza, porque aún no has perdido la esperanza, ni aceptas que tu amo se haya ido".

Si los deseos tienen alas, mis pensamientos vuelan hacia ese recodo de la esperanza, donde seguramente están Canelo y su dueño; unidos para siempre en el abrazo que la felicidad concede a las almas puras.

Ricardo Muñoz José

Reminiscencia elaborada con la historia y las imágenes tomadas de Internet.

25 comentarios:

Dragon dijo...

Ricardo, me has hecho llorar..,escribo estas palabras con lágrimas en los ojos. Cuanta fidelidad, cuanto cariño y amor incondicional son capaces de entregar los animales, y al mismo tiempo cuanta ignorancia existe en algunos seres humanos capaces de negarles el sitio que les corresponde: el de nuestros mejores amigos. Un abrazo desde Chile, cada dia escribes mejor, tus palabras van directo al corazón del que las lee.

INES dijo...

He leido muchas veces la historia de Canelo, dos veces he llorado leyendola, una con una columna de Antonio Burgos en la revista Hola (lo reconozco, compro el Hola) y hoy contigo. El parrafo donde describes al mendigo y al perro andando juntos creo que es de las cosas más bonitas que he leido. Como dicen en el anterior comentario cada día escribes mejor y demuestras una sensibilidad grandisima. Mis perros me están mirando como diciendo ¿y ésta por qué llora? y se acercan a mí.
Ya sabes que como tu me dices "vivo escasa de tiempo", pero siempre tengo un ratito para tí

Mary dijo...

Es difícil leer algo así y mostrarse indiferente...
Excelente historia, excelente narración, excelente lección la de los animales, siempre dando ejemplo.
Felicidades Ricardo, te superas día a día, muy buena.
Ánimo, sigue emocionándonos de la forma en que lo haces.

Editor y Corrector Literario. dijo...

Excelente.

Estimado Ricardo,

Has logrado algo que yo llamo "La invisibilidad de la pluma". Cuando un texto deja de ser un plana de carácteres gráficos que interpretan la vida y se convierte en un detonador de imágenes, en el cual, la mente que divaga, se olvida los signos y enciende su pantalla de colores.

Thiago dijo...

Lo que hace esta bella y triste historia, aunque conmovedora, es su sustrato de realidad, de la que tantas lecciones se pueden sacar.

Es curioso constatar tanta deoción en un animal hacía un desprotegido que pocos caprichos le podía haber concedido, seguro. Quiere decirse que el amor desinteresado es posible y que la nobleza de espiritu de nuestros queridos animales y la devoción supera muchas veces a la de los hombres. Pero aun asi ellos nos lo dan todos.

La historia contada por ti, ha adquirido una dimensión literaria que supera el ámbito de la simple noticia; y Canelo será ya para siempre, para tus lectores entre los que me cuento, un perro mítico ejemplo de tesón y devoción.

Bezos.

Thiago dijo...

Ah, Ricardo, ya veo el vídeo. Es que a veces no funciona el servidor de YOUTUBE, tb. me pasa a mi a veces, pero como en el tuyo no me funcionaba ayer en el portatil y hoy en el de mesa, pensé que no se veía.

Te ha quedado muy bien, me alegro y ya sabes que encantado de ayudarte en lo que pueda y te resulte útil.

Por otra parte mi comentario es prudente y no me quise extender en tus méritos que son tantos, solo te doy un punto de vista imparcial, pero de amigo.

Tu sabes que es un historia muy espeicial y tu le das el toque para que sea mágica. Hay está tu creación, tu varita mágica, tu palabra oportuna...

Mas bezos.

Virna dijo...

Hola Ricardo.
No conocía la historia, es triste y preciosa a la vez.
Pero sabes que? No me sorprende. Los perros son seres tan bondadosos y fieles que son capaces de eso y demas...
Eres un gran escritor, tus palabras me han hecho volar las imagenes en mi mente... Te felicito.

Un saludo!!
Virginia.

Pedro dijo...

Canelo ha hecho historia en el corazón de los hombres, y tú en el alma de las ilusiones. Llegas no al corazón, sino a la más minúscula de las células, y tus palabras siembran emoción, alegría, dolor, tristeza y aliento de paz.
De verdad, Ricardo, has conquistado mi pasión, y tu historia, Canelo, me ha hecho sentirme un "nadie", ante tanta bondad y amor de este animal no humano, y que se ha merecido el trono de la inmortalidad.
Ellos son grandiosos y por ellos debemos luchar; por sus derechos.

Un abrazo fuerte y gracias por tu historia que la recordaré siempre.

Pedro Pozas
Proyecto Gran Simio

Carmen dijo...

"Canelo, la triste historia de un perro triste", es una historia escrita con el corazón para ser leída con lágrimas.
La vida del perro es tan impresionante que se agiganta en mis emociones. Es increíble tanta lealtad durante tantos años, en un ser que nosotros, con nuestra arrogancia, llamamos irracional.
Ahora, la calidad narrativa roza los más altos niveles. Yo no voy a decir como en los otros comentarios "cada día escribes mejor", porque pienso que alguien que maneja el idioma de modo tan emotivo, es alguien que escribe así desde hace mucho tiempo.

Un beso.
Carmen
Animalandia - Mendoza, Argentina

Helena dijo...

Canelo nos mostró que el amor canino no conoce límites, ni se mide por el tiempo o las circunstancias... así como tantos otros esperan y aman, pero son desconocidos a nuestros ojos.
Canelo representa el amor incondicional, en su forma más pura, bella y trágica.

Gracias por "rescatarlo" y traerlo de vuelta a nuestros días. Y sobretodo por hacerlo con tanto cariño.

Alejandro dijo...

¡Qué vida ejemplar! Sólo un perro podía hacer de la espera la razón de su vida. Aunque, claro, para él vivir si el amigo no era vivir; era durar. Por eso se abrazó a la espera como el único medio de retornar a la felicidad.
En mi casa todos lloramos. Sabemos que nuestra pena jamás va mitigar el sufrimiento y la soledad que vivió, pero enternecernos con su historia por lo menos nos aproximó a su lado, a su recuerdo, a su lealtad.
El modo de contarnos este triste episodio es magistral. No creo que existan muchos escritores (conocidos o no) que consigan transmitir con palabras tan certeras, la desdicha de este pobre cuzquito.

Un abrazo guatemalteco.

churrinche dijo...

Ricardo, sólo de tu pluma podía salir una narración tan tierna.
No sé cómo haces, pero tu prosa llega a conmover la sensibilidad.
Algunos comentarios dicen que cada día escribes mejor, pero yo que conozco tu trabajo en Galería De Las Letras, sé que en ti no hay nada nuevo, siempre escribiste haciendote entender con imágenes poéticas.

La historia de Canelo es conmovedora, digna de ser difundida entre las nuevas generaciones. Pero creo que es una injusticia no destacar al pueblo de Cádiz que siempre estuvo a su lado.
Eso sí, lo justo hubiese sido que a Canelo le levantaran un monumento. Un perro tan ejemplar merece todos los reconocimientos.

Un saludo desde Uruguay, el país que tiene un río de una sola orilla.

Nacho Carreras dijo...

Hola Ricardo:
Preciosa historia la que nos narras, por desgracia, no muy común en el cariño que recibía y si en el triste final de su vida.
Un abrazo,
Nacho.

walter dijo...

¿Se puede olvidar un perro así? ¿El dueño de Canelo habrá pensado alguna vez que su perro haría semejante demostración de lealtad?
Din duda, Canelo se queda en mi corazón.
Ricardo, si tu narración ya es triste, el vídeo termina de rematarte.
Entre vos, Canelo y el vídeo me han dejado mas blando que una esponja.

Un abrazo

Fin Maltrato Animal dijo...

Quisiera quedarme con la imagen del indigente al que le dolía más dejar a su único amigo en la puerta del Hospital que su propia vida en el interior del mismo. Me gustaría que permaneciese en mi memoria el recuerdo de un perro para el que las palabras “espérame compañero” no perdieron su valor durante doce años. Con el de todos aquellos que le llevaron agua y comida, los que quisieron procurarle cobijo o le ofrecieron un hogar de acogida. Quisiera confiar en la prevalencia de tanta amistad, compasión y sensibilidad y sin embargo, lo que se perpetúa en mi mente es la figura de aquel al que le ofendía la visión del animal en la puerta del Centro Médico y avisó a los laceros, al igual que la del que puso fin a su espera y a su vida y huyó sin ni tan siquiera detenerse para ver si podía ayudar al perro. Su compañero nunca regresó; no aceptó la caseta; nadie logró llevárselo a su casa para ofrecerle atención y cuidados y a duras penas transigió tomar el alimento que le llevaban, sin embargo un miserable casi consigue su objetivo de que Canelo fuese sacrificado en una perrera y otro, cuando menos egoísta y cobarde, no le dio la menor oportunidad de continuar viviendo para seguir esperando sino que huyó condenándolo a una muerte segura.

Es la historia de siempre: son pocos, muy pocos los crueles, los insensibles y los ruines pero al final, sus actos mezquinos se imponen sobre la ternura y solidaridad de la mayor parte de las personas. Por eso sigue habiendo perros maltratados, gatos torturados, corridas de toros y visones esperando en jaulas a ser despellejados, porque la vileza moral es inconcebiblemente más poderosa que el clamor de los que desean un mundo más justo.

Gracias Ricardo.

Julio Ortega

Verónica dijo...

Hola Ricardo,
Soy Veronica (la inmigrante espanola).
Primero de todo decirte que la historia de Canelo me ha conmovido hasta las lagrimas, es una delicia leerte.
Por otro lado comentarte que voy a intentar encontrar lo que me has solicitado pero te pido un poco de tiempo, ahora mismo le faltan horas a mis dias. El martes de la semana que viene, como muy tarde, te digo los resultados de la busqueda.
Perdona los acentos, el teclado se ha comido los acentos.
Un saludo

Jose Mysteria dijo...

Como muchos han dicho ya... los ojos están en lágrimas!! Preciosa historia. Estoy seguro que el ser humano nunca podrá actuar como este perro. Te doy mis enhorabuenas por la narración.

Muchas gracias por agregarme a tus enlaces...

Un Abrazo

BIRA dijo...

Qué historia tan hermosa, a pesar del trágico final. Canelo debería ser un ejemplo para todos, especialmente para los que tantas prisas tenemos en todo que rápidamente nos cansamos de esperar, que nos desesperamos ante la presencia de aquel amigo o aquella mano con la que contábamos.
Me has emocionado muchísimo, Ricardo. Esta es una de las historias que nos cuentas que más me ha gustado.

Un beso muy fuerte.

madrileña dijo...

Recuerdo que en la tele apareció esta noticia, pero, claro, sin entrar en tantos detalles. Ahora sí puedo decir que la conozco de verdad.
La historia de Canelo es hermosa, apasionante, tierna, inolvidable; llena de lealtad y sacrificio.
Si no fuera por el mal nacido que intentó que lo mataran en la perrera, y por el hijo de las cuatro letras que lo mató, sería una historia perfecta.

Ahora, Ricardo, un tirón de orejas. Me parece que abusas de tu facilidad para emocionar, y a todos nos estás ahogando en lágrimas con lo que escribes.
Pero no te guardo rencor. Eres admirable.

Un beso.

Odi dijo...

Canelo,nos demuestra cómo el amor, la interpretación de la amistad y la lealtad sin límite, alimentaron su sueño de retorno durante 12 años. A él poco le importó la espera, ni las inclemencias del tiempo, ni la intolerancia de algún idiota. Contó con el apoyo de la gente, y eso lo ayudó a mantener la espera. Su lugar estaba allí y allí estuvo hasta su muerte.

Esta historia de fidelidad hasta las últimas consecuencias, es un guantazo en el rostro humano, ya que, cuando más sabemos sobre el comportamiento de los animales, más quedamos en evidencia; estamos en un escalón inferior.

Gracias Ricardo por haberla traido al blog. A través de tu narración la odisea de Canelo adquiere un matiz tierno y emocionante.

Un saludo.

nora dijo...

Qué ejemplo de humildad, entereza, lealtad y paciencia. Canelo se adueña de cualquier adjetivo, porque ningún adjetivo hará justicia a su entrega en la amistad.
No voy a decir que el caso de Canelo sea único en el mundo, porque si mal no recuerdo en Japón se dio una caso identico, pero sí voy a destacar que él puede ser el único perro que tenga una calle con su nombre.
Ricardo, tu narración es pura, moderada y sensible, muy al estilo de tu pluma. Y aunque me hizo llorar, me gustó de verdad.
Esta noche le leeré la historia de Canelo a mis dos hijos. Ellos deben amar a los animales por lo que son los animales, y no por lo que cuentan los dibujos animados.

El vídeo es muy artístico y muy conmovedor.

Con vos se queda mi apalauso.

Un abrazo desde Asunción, Paraguay.

Carles Codina Calm dijo...

La historia es bonita y es triste, bonita porque el amor en cualquier lugar, no importa entre que seres, es bonito. Triste, porque uno se pone en la piel de Canelo y comprende que vivió 12 años que en su corazón le faltaba algo, en medio de la ignorancia y la incomprensión de los humanos, para acabar muriendo trágicamente,... Quizás fue un alivio su muerte, por fin pudo encontrarse con aquel que había perdido, hacía tanto.
La historia de Canelo se ha reproducido y se reproduce diariamente a nuestro alrededor con muchos de nuestros amigos fieles, de distintas maneras, quizás más discretamente. Cuando leo la historia que nos cuenta Ricardo sobre Canelo pienso en la pobreza del ser humano, pienso que el ser humano podría pertenecer a una especie que en su evolución se encuentra en la niñez o adolescencia, al lado de otras especies más evolucionadas: ballenas, delfines, gatos, perros,... que ya son adultas dentro de su evolución, tienen mucho más conocimientos y experiencia. Ellos saben muy bien que significa ser fiel:
1. adj. Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él. drae. Nosotros como adolescentes que somos,si,la palabra nos suena, pero ahora queremos vivir, divertirnos,... no queremos oír lo que nos tienen que decir los adultos, tendrán que pasar aún unas cuantas vidas,antes no le demos el valor que se merece a esa palabra,... Cuantas historias podríamos contar de ayer, hoy y mañana que nos cuentan de la poco fieles que somos los humanos, incluso con nuestros seres más cercanos, abuelos, hijos, padres, hermanos, amigos caídos en desgracia o no,... nuestra infidelidad es avasalladora, no hablamos de nuestra infidelidad hacía nuestros amigos más evolucionados... :-) nos deprimiriamos...

maria emilia dijo...

ahy k kosa cn el perrito,pero 100pre fue fiel a su amo,llore tanto q creo k ise un lago d lagrimas, eso ns deja una enseñansa,uno piensa k el perro o etc es un animal cualkiera pero noooooo,el puede o es el mas leal d todos.

Karina dijo...

Que excelente historia!!! Ayer me entere desde Argentina de este maravilloso can que a pesar de todo no abandono a su "padre" y se ganó el corazón de todos los habitantes del pueblo. Cuanto tiene que aprender el hombre del amor y la fidelidad de sus hermanos menores, los animales. Grande Canelo, un Hachiko español :)

Patricia dijo...

Resultara extraño pero no me entere de esta historia en su dia o no la recordare, pero hace unos días hablando con alguien, salió este tema y me contó la triste historia de canelo, dije que lo buscaría por internet, para saber mas detalles y...... Me ha dejado el corazón estremecido, quería llorar... Pero me he contenido..... Tenemos q ser fuertes ante muchas situaciones de la vida........ Y con las palabras tan buscadas y elaboradas q esta escrito, sientes mas emociones con tan solo leerlo, transmite muchos sentimientos. Enhorabuena por el articulo aunque sea unos añitos mas tarde. Patricia